domingo, 24 de septiembre de 2017

Uwe Tellkamp / La Torre



Dresde, años ochenta: los habitantes de la Torre, un barrio residencial, parecen vivir fuera del tiempo y buscan escapar a la decadencia del sistema socialista dedicándose a la música, a la poesía y a la pintura. Observan con resignación e ironía el derrumbe de la República Democrática Alemana. Anne y Richard Hoffmann viven allí junto a sus dos hijos, Christian y Robert. Richard es un cirujano de la Academia que tiene una relación extraconyugal y por este motivo es chantajeado por la Stasi y obligado a espiar a sus colegas. Christian, el hijo mayor, quiere ser un médico famoso, pero, para obtener una plaza de estudiante, antes tiene que prestar servicio «voluntario» en el Ejército Nacional Popular. Su tío, Meno Rohde, es redactor en una importante editorial y ha ascendido hasta el barrio donde vive la nomenklatura. Silencioso y gran observador, Meno actúa como intermediario entre el mundo del régimen y el nostálgicamente burgués de la Torre, relatando en las páginas de su diario las contradicciones que existen en ambos. La novela, galardonada con el Deutscher Buchpreis, ha evocado Los Buddenbrook de Thomas Mann.
«Una obra maestra»(Jens Bisky, Süddeutsche Zeitung).
«No se puede esperar más de la literatura» (K. Hillgruber, Der Tagesspiegel).


«Retrata el canto del cisne del socialismo real con un realismo trágico y una enorme belleza» (Harald Raab, Mittelbayerische Zeitung).


Tellkamp, Uwe

Uwe Tellkamp (Dresde, 1968) cursó estudios de medicina en Leipzig, Nueva York y Dresde, y trabajó en el servicio de urgencias de una clínica de Múnich. En 2004 abandonó la medicina para dedicarse completamente a la literatura y la escritura. Ha publicado tres novelas: Der Hecht, die Träume und das Portugiesische Café (2000), Der Eisvogel (2005), que recibió el Premio Ingeborg-Bachmann, y La Torre (2008),galardonada con el Premio Uwe-Johnson y con el más importante premio alemán, el Deutscher Buchpreis, creado en 2005 y considerado el equivalente al Man Boo­ker en Inglaterra o al Goncourt en Francia. La Torre se ha traducido hasta la fecha a 16 lenguas. En su primera traducción, la italiana, tuvo también una gran acogida crítica: «Tellkamp ha escrito una obra coral con una sabiduría enciclopédica, una sensibilidad y una creatividad lingüística incomparables: la meta final para un escritor grande y maduro, que en este caso parece ser sólo un prodigioso y genial inicio» (Luigi Forte, La Stampa); «Una novela con una estructura clásica, que al mismo tiempo sabe revivir todas las fracturas y crisis de la novela del siglo pasado. Es un retrato extraordinario y vertiginoso que evoca Los Buddenbrook de Thomas Mann. El libro de Tellkamp debe ser degustado como las obras de Goethe, Gottfried Keller, Günter Grass o Uwe Johnson.Una novela saga que nos devuelve el placer de una lengua fluida y armoniosa» (Mario Fortunato, L’Espresso).

ANAGRAMA




Eugen Ruge / En tiempos de luz menguante



Eugen Ruge

En tiempos de luz menguante

Novela de una familia



Esta saga familiar se centra en tres generaciones de una familia de la República Democrática Alemana: los abuelos, comunistas acérrimos que participan en la construcción de la nueva república; su hijo, huido de joven a Moscú y más tarde deportado a un campo siberiano, quien inicia su viaje en el extremo opuesto, los Urales, para volver, junto con su mujer rusa, a una república de pequeños burgueses en cuya transformabilidad sigue creyendo; y, por último, el nieto, que se pasa al Oeste el mismo día en que el patriarca cumple noventa años. Medio siglo de historia vivida, una novela sobre Alemania llena de sorprendentes giros y detalles, grande por su madurez humana, su precisión y su humor.
«Un libro amplio, ambicioso. Un gran libro» (Astrid Éliard, Le Figaro).
«Una de las mejores novelas, posiblemente la mejor, sobre la RDA. Un autor al que descubrir sin duda alguna» (Paris-Berlin).

«Soberbia» (F.-G. Lorrain, Le Soir).

Eugen Ruge
Eugen Ruge (Sosva, Urales, 1954) cursó estudios de Matemáticas en la Universidad Humboldt de Berlín y fue colaborador científico del Instituto Central de Física de la Tierra. Antes de emigrar de la RDA al Oeste en 1988, trabajó en la sección de cine documental de la DEFA. Desde 1989 se dedica completamente al teatro y la radiotelevisión en calidad de autor y traductor. Ha sido galardonado con varios premios, entre otros, el Schiller-Förderpreis del land de Baden-Wurtemberg. En 2009 recibió el Premio Alfred Döblin por su primer manuscrito de prosa, «En tiempos de luz menguante», base de la presente novela; se comentó que tras la lectura de dicho texto, «Günter Grass escuchaba tan intrigado que se le apagó la pipa» (Frankfurter Allgemeine Zeitung). Cuando se publicó la novela, en 2011, fue distinguida con el aspekte-Literaturpreis y con el más importante premio alemán, el Deutscher Buchpreis, considerado el equivalente al Man Booker en Inglaterra o al Goncourt en Francia.



Ilija Trojanow / Deshielo





Ilija Trojanow

Ilija Trojanow nació en 1965 en la capital búlgara Sofía, su familia huyó en 1971 a la República Federal de Alemania. Se crió en Kenia y Alemania, actualmente reside en Viena. Su obra ha sido traducida a más de veinte idiomas y ha recibido diversos galardones, el más reciente el premio Carl Amery concedido por “abrir nuevos cauces estéticos y de ese modo ampliar la gama de posibilidades literarias”. Su novela El coleccionista de mundos publicada en castellano por Tusquets y en catalán por La Magrana, se convirtió en un bestseller internacional.

DesHielo

Ilija Trojanow

Traducción de Rosa P. Blanco

En un mundo en paulatina destrucción por la acción del hombre, el profesor Zeno Hintermeier vive la desaparición de “su” glaciar como una pérdida propia. Decide dejar su cátedra y embarcarse como guía en cruceros turísticos que viajan a la Antártida, ansiando encontrar en el último rincón natural del planeta el silencio cargado de verdad que tanto anhela. Ni siquiera entre los amantes de la naturaleza encuentra un alma gemela que sienta la tragedia del planeta de forma tan intensa como él; guías, periodistas y pasajeros consiguen dormir sin pesadillas y volverán a su rutina tras la travesía.
Tal vez sea necesaria una acción más radical.

Literatura alemana actual / Las novelas de la era Merkel



Las novelas de la era Merkel

La inmigración ha enriquecido las letras alemanas de la última década, marcada por la carismática canciller, que este domingo busca la reelección

CECILIA DREYMÜLLER
22 de septiembre de 2017

¿Mansa y conservadora, como la política de la canciller? ¿Acomodada e intrascendente? La literatura alemana de la era Merkel, si se caracteriza por algo es por no caracterizarse por nada, más allá de su potencia de mercado. Alemania es el país europeo con la industria editorial más potente y su sistema de premios, becas y casas de literatura produce y promociona cada año unos 10.000 títulos. La mera cantidad —mejor dicho, su presencia mediática—, junto a la progresiva desaparición de una crítica literaria vocacional y perspicaz, hace que para el lector sea tarea ardua discernir el grano de la paja, o simplemente abstraerse del fragor publicitario de las grandes editoriales y librerías. 

sábado, 23 de septiembre de 2017

Monika Zgustova / “El Gulag sigue existiendo de forma no oficial”



Monika Zgustova: “El Gulag sigue existiendo de forma no oficial”

Escritora. En ‘Vestidas para un baile en la nieve’, la periodista checa ha recabado los estremecedores recuerdos y testimonios de mujeres supervivientes de los campos


BORJA HERMOSO
20 SEP 2017 - 15:06 COT

La lectura de Vestidas para un baile en la nieve (Galaxia Gutenberg) da un frío atroz, y no sólo el que viene de la tundra, sino por el que procede del espanto. La escritora, traductora y periodista Monika Zgustova (Praga, 1957) reconstruye a golpe de recuerdo y confesión el horror vivido por las mujeres en los campos de prisioneros de la Unión Soviética. Para ello visitó a las supervivientes del infierno en sus hogares de Moscú, París y Londres y les arrancó un libro que cambió, asegura, su vida. Es el otro Archipiélago Gulag.

PREGUNTA. ¿Cómo le dejó, en el plano personal, la escritura del libro?

RESPUESTA. Entrevistar a estas supervivientes del Gulag y conocer de primera mano sus experiencias me cambió la vida. Cuando hablas con ellas sobre lo que les pasó, cuando ves que hay ciertos detalles que no te quieren revelar, sus silencios…

Wislawa Szymborska / Nos gusta ser autores


Wislawa Szymborska

Nos gusta ser autores

No se pueden leer con cara seria los artículos de la poeta Wislawa Szymborska, inteligentes, didácticos, humanistas y ocurrentes


MONIKA ZGUSTOVA
11 ABR 2017 - 17:14 COT

¿Por qué hay que leer sus artículos si Szymborska es conocida por su poesía? Me hice esta pregunta cuando descubrí su libro de prosas en una librería. Lo ojeé y vi que no se trataba de simples artículos, escritos a lo largo de tres décadas, sino de un ejercicio singular de columnas literarias sobre tratados acerca de todo un abanico de temas. Szymborska en sus columnas trata la historia de Etiopía, la estética de la palabra, la Georgia antigua, las mariposas, el alpinismo, los bocadillos, los pañuelos de encaje y los rinocerontes, entre otras materias. La autora trata esos temas con ironía y los contempla desde su propio punto de vista: el de la compasión por el hombre, el individuo frágil y perdido entre la sociedad y el régimen político.

Herta Müller / Cuando la belleza salva

Herta Müller

Herta Müller

Cuando la belleza salva

Herta Müller encuentra la belleza incluso donde no la hay. Esta capacidad y el análisis del totalitarismo son las grandes lecciones de su libro de conversaciones con Angelika Klammer


MONIKA ZGUSTOVA
17 ENE 2017 - 11:20 COT





Cuando la belleza salva


Dios está en los detalles, dicen los clásicos desde Flaubert hasta Nabokov, cada uno a su manera. La escritora rumana en lengua alemana, Herta Müller, suscribiría esta máxima porque su arte de narrar consiste en encontrar el detalle que mejor le sirva como metáfora. También aplica este método en el diálogo que con ella mantiene Angelika Klammer en el libro Mi patria era una semilla de manzana.

Estimulada por las preguntas, Herta Müller repasa su vida de descendiente de suabos emigrados a Rumanía. Durante la guerra, su padre fue miembro de la SS; después de la guerra, a su madre la deportaron al gulag soviético. Müller describe la marginación de alguien que pertenece a una minoría lingüística y cultural y además no comulga con la ideología imperante, la comunista. Al sentirse excluida, Müller empezó a refugiarse en la escritura. Pero sus libros la echaron directamente a los gélidos brazos de la temida Securitate que durante años la amargó con sus amenazas e interrogatorios hasta que Herta se decidiera por el difícil camino del exilio, dejando atrás a su madre y sus amigos.

Del amor y otros demonios / El idilio de Véra y Nabokov



Véra y Nabokov

El idilio de Véra y Vladímir

Tenemos una tendencia innata de fabricar parejas idealizadas

¿Fue realmente la relación de estos dos rusos exiliados un romance permanente?



MONIKA ZGUSTOVA
21 MAR 2016 - 18:00 COT






Véra y Vladímir Nabokov, en un retrato en 1958.
Véra y Vladímir Nabokov, en un retrato en 1958. CARL MYDANS (GETTY)

El de Vladímir y Véra Nabokov fue un enamoramiento idílico y eterno”, se ha ido escribiendo, desde hace décadas, sobre esa mítica pareja de rusos exiliados de la revolución que pasaron por Berlín, París y Nueva York. Acostumbrados a los mitos –Romeo y Julieta, Tristán e Isolda–, tenemos una tendencia innata de fabricar parejas idealizadas. Este sería el caso de Chopin y George Sand, Kafka y Milena Jesenska… y Vladímir y Véra. ¿Pero fue su relación realmente un idilio permanente?

viernes, 22 de septiembre de 2017

El cuento de la criada / El rojo es más fácil de ver



El rojo es más fácil de ver 

si te da por huir

Por Bárbara Ayuso


Nolite te bastardes carborundorum. No rechinen los dientes, es la frase de moda. Desde 1985, el aserto dejó de ser un idiota trabalenguas entre estudiantes de latín para convertirse en un santo y seña. Un código de molonez. Si sonreías con complicidad o contestabas «Under his eye» (o «bajo su mirada», tampoco el inglés era preceptivo) conocías la ubicación de la república de Gilead. Habías leído El cuento de la criada, de la archirreconocida escritora canadiense Margaret Atwood. Formabas parte del club. Hasta ahora.
La adaptación televisiva de la novela (que en España pudo verse en HBO) ha democratizado estas contraseñas cómplices, popularizándolas entre los miles de espectadores que degluten sus capítulos con una repugnancia perpleja. Hasta el crítico menos espabilado le regaló en su momento ya la etiqueta de «serie del año», mucho antes de resultar ganadora del Emmy a la mejor serie dramática. Una producción «importante», decían. De las que instauran y descifran códigos: si hoy se cruzan con dos mujeres con hábitos rojos y níveas cofias que caminan en silencio, sabrán que el suyo es un mudo acto de protesta. Ayer serían dos amish extraviadas o excéntricas participantes de un carnaval a destiempo.
A pesar de convertirse en best seller mundial poco tiempo después de su publicación y traducirse a más de cuarenta idiomas, en España el libro de Atwood ha dormitado en pocas estanterías durante estas tres décadas. Deambuló por tres editoriales (Seix Barral, Ediciones B y Bruguera), pero no se convirtió en el clásico canónico (ni siquiera feminista) que es en el resto de países. De la película1 que lo adaptaba nos enteramos de oídas, más o menos lo mismo que de las óperas, los ballets y diversas representaciones que lo amplificaron. Tampoco fue singularmente celebrado cuando se galardonó a Atwood con el Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 2008. El cuento de la criada se desdibujaba entre las glosas a la oracular reputación de la autora y su versátil y extensa producción.

Margaret Atwood / Érase una vez



Margaret Atwood
Érase una vez 

—Érase una vez una niña pobre, tan hermosa como buena, que vivía con su malvada madrastra en una casa del bosque.
—¿Del bosque? El bosque está anticuado. Vaya, todo ese entorno rural ya empieza a cansarme. No es un buen reflejo de la sociedad de hoy. ¿Por qué no la trasladamos a un entorno urbano, para variar?
—Érase una vez una niña pobre, tan hermosa como buena, que vivía con su malvada madrastra en una casa en las afueras de la ciudad.
—Eso está mejor. Pero debo cuestionar muy en serio el adjetivo pobre
—¡Pero era pobre!
—La pobreza es relativa. Vivía en una casa, ¿no?
—Sí.
—Luego, desde una perspectiva socioeconómica, no era pobre.
—¡Pero el dinero no era suyo! La gracia del relato es que la malvada madrastra la obliga a llevar harapos y a dormir junto a la chimenea…
—¡Ajá! ¡Tenía chimenea! ¿Desde cuándo los pobres tienen chimeneas? Ve al parque, ve un noche a una estación de metro, ve a ver cómo duermen en cajas de cartón. ¡Entonces sabrás lo que es ser pobre!
—Érase una vez una niña de clase media, tan hermosa como buena…
—Para un momento. Creo que podemos eliminar lo de hermosa, ¿no? La mujer de hoy ya tiene que lidiar con  demasiados estereotipos físicos intimidatorios, como todas esas bollicaos que salen en los anuncios. ¿No puede hacerla, bueno, digamos, más normal?
—Érase una vez una niña con un ligero sobrepeso y cuyos dientes frontales sobresalían, que…
—No  me parece divertido reírse del aspecto de la gente. Además, estás fomentando la anorexia.
—¡No me burlaba! Me limitaba describir…
—Sáltate la descripción. Las descripciones oprimen. Pero puedes decir de qué color era la niña.
—¿De qué color?
—Ya me entiendes, Negra, blanca, roja, morena, amarilla. Ahí tienes las opciones. Para tu información: basta ya de blancos. La cultura dominante esto, la cultura dominante lo otro…
—No sé de qué color era.
—Bueno, lo más probable es que fuera del tuyo, ¿no crees?
—¡Pero esto no tiene nada que ver conmigo! Es sobre una niña.
—Todo tiene que ver contigo.
—Me parece que no tienes ganas de oír la historia.
—Oh, bueno, sigue Que sea étnica. Eso podría ayudar.
—Érase una vez una niña de raza indeterminada, tan normal de aspecto como buena, que vivía con su malvada…
—Otra cosa. Buena y malvada. ¿No crees que podrías dejar atrás esto epítetos que responden a puritanos juicios morales? Al fin y al cabo, son en gran parte de puros condicionamientos, ¿no?
—Érase una vez una niña tan normal de aspecto como adaptada a su entorno, que vivía con su madrastra, que no era persona abierta ni cariñosa porque había sido maltratada durante la infancia.
—Mejor. ¡Aunque estoy harta de tantas imágenes femeninas negativas! Las madrastras siempre aparecen como malas. ¿Por qué no la conviertes en padrastro? Además, así la historia tendría más sentido, considerando la conducta perversa que vas a describir. Introduce látigos y cadenas. Todos sabemos cómo son de retorcidos esos tipos reprimidos de mediana edad…
—¡Hey, espera un momento! Yo soy un hombre de mediana edad…
—Vale, señor Susceptible. No te des por aludido… Esto queda entre tú y yo. Sigue.
—Érase una vez una niña…
—¿Cuántos años tenía?
—No sé. Era joven.
—Esto acaba en boda, ¿no?
—Bueno, no quiero revelarte la trama, pero… sí.
—Entonces puedes borrar esa terminología paternalista condescendiente. Es una mujer, colega. Una mujer.
—Érase una vez…
—¿Qué es eso de érase una vez? Ya basta de pasado. Háblame de ahora
—Es…
—¿Y bien?
—¿Y bien, qué?
—Y bien. ¿por qué no hay?


Margaret Atwood
Érase una vez
Lumen, Barcelona, 2008, pp. 9-12 


Javier Tresguerres / Máscaras que nos desnudan



Máscaras que nos desnudan

El fotógrafo Javier Tresguerres construye en su primera exposición una alegoría de la falsedad humana

Manuel Morales
Madrid, 21 de septiembre de 2017





'El corazón sangrante', una de las fotografías la exposición 'Enmascarados'.Ver fotogalería
'El corazón sangrante', una de las fotografías la exposición 'Enmascarados'. JAVIER TRESGUERRES

Dos bofetadas de la vida, un divorcio y un despido en un expediente de regulación de empleo en la televisión autonómica donde trabajaba como realizador, le mostraron al fotógrafo Javier Tresguerres que personas que se decían sus amigos "podían cambiar su actitud hacia uno cuando la vida se tuerce. De aquellos tragos decidió salir con un proyecto fotográfico que le ha "servido de diván" en los últimos años. Se instaló en un pequeño plató en el que empezó a construir máscaras antigás, más de 50, que decoró y pintó. Después comenzó a retratar a hombres y mujeres desnudos que solo llevaban sus máscaras, en una alegoría de que "en la vida hay mucha falsedad y damos a veces una imagen que no es la nuestra", dice Tresguerres (Oviedo, 1957), que pone a las redes sociales como ejemplo de esa impostura: "Te enseño mis intimidades, mis fotos, pero luego resulta que es mentira y no soy así".

Relato de un día de pánico en la 'zona cero' del terremoto de México

Ciudad de México poco después del terremonto


“Diosito, estamos vivos”

Relato de un día de pánico 

en la 'zona cero' del terremoto de México


CECILIA BALLESTEROS
México 20 SEP 2017 - 19:26 COT





El rescate nocturno en la Ciudad de México.
El rescate nocturno en la Ciudad de México.  EFE

A las 13.14 de la mañana del martes 19 de septiembre estaba en mi departamento, en un sexto piso, en la colonia Condesa, con dos albañiles que reparaban las grietas y las goteras que había causado el terremoto del día 7, que no me agarró porque estaba fuera de Ciudad de México. He vivido otros sismos, pero ninguno como este. De repente, de pronto, de golpe, sin escuchar ningún tipo de alarma, el piso empezó a temblar, a moverse, a trepidar, a oscilar, a todo lo que uno se pueda imaginar, al tiempo que veía cómo mis libros, mis objetos, mi vajilla, mis muebles, toda mi vida se desbarataba, se desmoronaba ante mis ojos. El horno se desprendió y saltó disparado, impactó en el centro de la cocina y el frigorífico, que estaba empotrado en un hueco, avanzó unos pasos y se giró completamente. Era como vivir una escena de Poltergeist. Tuve suerte de no estar sola, viviendo en un ático, en una zona sísmica como Condesa, dos de las peores condiciones para afrontar un terremoto, según todos los parámetros. Junto a Pascual, uno de los albañiles, nos pusimos bajo el quicio de la puerta de la calle, que sujetábamos con todas nuestras fuerzas, para impedir que se cerrase sobre nosotros y nos aplastase, mientras que Victor Manuel, como si fuera un maestro de yoga y que había vivido el trágico terremoto de 1985, parapetado bajo la puerta de la cocina, nos iba dando instrucciones. "Tranquilos, tranquilos. Ya está pasando. Cuidado, no acabó. Ahora viene la réplica".

jueves, 21 de septiembre de 2017

Coutee Cullen / Para un poeta

Coutee Cullen


Coutee Cullen

He envuelto mis sueños en un paño de seda,
y los he puesto lejos en una caja de oro;
donde se aferran con voluntad los labios de la polilla,
he envuelto mis sueños en un paño de seda;
no guardo rencor, ni siquiera estoy enojado
con quien encontró el aliento de la tierra tan afilado y frío;
he envuelto mis sueños en un paño de seda,
y los he puesto lejos en una caja de oro.


Coutee Cullen
Color, 1925




La marea del pensamiento reaccionario / Volver atrás


Elisabeth Moss
The Haindmaid's Tale

Volver atrás

Muchos comienzan a sentir miedo ante la marea de pensamiento reaccionario que vive Occidente


Volver atrás

The Handmaid’s Tale lleva camino de ser la serie de moda del naciente verano. Basada en una obra de Margaret Atwood, dibuja una distopía en la cual EE UU se ha convertido en una teocracia donde las mujeres (así como el resto de minorías que se salen del canon cristiano integrista) están completamente sometidas a la dominación masculina. Es innegable que una parte del éxito de la producción se debe a que moldea de forma muy gráfica miedos nacientes entre muchos ante la marea de pensamiento reaccionario que vive Occidente.

Margaret Atwood / Que siga siendo sólo un cuento de criadas


Que siga siendo sólo un cuento de criadas

El libro de Margaret Atwood es inquietante porque evidencia la facilidad con la que una democracia liberal puede dejar paso a una dictadura teocrática



PATRICIO PRON
11 AGO 2017 - 10:07 COT





Margaret Atwood, en 1989.Ampliar foto
Margaret Atwood, en 1989. RICHARD LAUTENS / TORONTO STAR / GETTY IMAGES

No es fácil desplazarse por Gilead: el tráfico está reglamentado y en las ciudades hay barricadas custodiadas por Ángeles que impiden el acceso de una zona a otra a las personas sin autorización. Gilead (Galaad en español) está en Nueva Inglaterra, la región estadounidense que alguna vez albergó los Estados de Connecticut, Rhode Island, Massachusetts, Nuevo Hampshire, Vermont y Maine, pero en la actualidad es difícil saber cuáles son sus límites. Por otra parte, no parece haber mucho para hacer allí, excepto presenciar ajusticiamientos y partidos de fútbol, que constituyen el único resabio de la vida pública que existió antes de Gilead: ya no hay periódicos, la lectura está prohibida a las mujeres y los hombres sólo pueden leer la Biblia, todas las universidades han sido cerradas y la divulgación del conocimiento científico es penalizada con la muerte, la producción artística se circunscribe a la de las manualidades con las que las mujeres en sus hogares dan una segunda vida a los objetos que ya no sirven, no hay dinero y el mercado negro es remoto y peligroso; de hecho, apenas hay algo para comer, el alcohol está prohibido y el café sólo puede ser disfrutado por la élite.