domingo, 25 de febrero de 2018

Los políticos según Forges



LOS POLÍTICOS SEGÚN FORGES





















Forges / Dibujante de los cualquiera

Forges

Forges

Dibujante de los cualquiera

Forges ilustró toda una historia política “desde abajo”


Iñigo Errejón
24 de febrero de 2018


Un país es un conjunto de memorias e historias compartidas, una narración contada mil veces, adaptada a cada uno. Forges, en ese sentido, es un narrador y hacedor indispensable de la España que venimos siendo y, yo añadiría, de sus mejores potencias.




Sería injusto y metálico escribir un análisis generalista sobre alguien que está en tantas mañanas, en tantas expresiones, en tantas risas compartidas. Yo escribiré sólo sobre mi Forges. Los grandes son aquellos que conectan nuestra vida cotidiana con el rumbo de nuestro país.
Le pregunto a mi madre qué es para ella Forges. Me cuenta que mientras mi padre estaba haciendo la mili en Ceuta, en un batallón de castigo por su militancia contra la dictadura, ella le escribía una carta diaria. Y en todas metía la última viñeta de Forges para recordarle, entre toda la brutalidad, que seguían siendo parte de algo. Una comunidad de sentido que Forges ilustraba con un humor inteligente, tierno, esperanzado, que conjuraba el dolor y les reconciliaba con un país que se negaban a dar por perdido.
Ese Forges, el del sentido de pertenencia y la sonrisa cómplice entre la generación que luchó por la libertad en España, me llega a mí primero como un cariñoso referente de la familia, uno de los nuestros. Pero pronto habla también de mi generación. Con más olfato y rapidez que la mayoría de analistas o ensayistas, Forges dio cuenta de la precariedad laboral, el machismo, el cambio climático o la corrupción como burla de los privilegiados. En un país desmemoriado, en el que se va perdiendo la capacidad del intercambio y la deliberación, supo ser un puente entre generaciones, un regalo que ha pasado de madres a hijos, un referente compartido. Y no andamos sobrados de ellos.
La mayor parte del humor político tradicional retrata a los protagonistas de la actualidad mediática. Es la actualidad vista “desde arriba”. Forges ilustró toda una historia política “desde abajo”: la política vista desde los ojos de los cualquiera, que es para Jacques Rancière la tensión democrática. Por eso su gran capacidad de dibujar personajes con los que identificarse, por contribuir a un lenguaje de época, por ser un narrador de la vida cotidiana. Los personajes de Forges son finitos, llenos de límites, agobiados por problemas inmediatos, a veces impotentes frente al poder y el despotismo de los demasiado poderosos. Y aun así, graciosos, tozudamente irónicos, conscientes de lo que los cualquiera tienen en común, como anunciando que algún día las cosas estarán en su sitio. Por eso hay en sus viñetas un amor por la gente corriente y trabajadora, sin estridencias ni insultos, que apunta a un patriotismo sencillo y humilde, que nos recuerda lo que podemos ser, lo que tenemos por delante si comenzamos a creer en ello y a cuidarnos. Hay muchos Forges. Este es, al menos, el mío.


Juan Cruz / Pero no se olviden de Forges




ADIÓS A UN GENIO 

DEL HUMOR GRÁFICO

Pero no se olviden de Forges

Antonio Fraguas, inolvidable retratista de la historia reciente de España, muere a los 76 años. Ciudadanos de todos los ámbitos expresan su pena por la pérdida del humorista


Juan Cruz
Madrid, 23 de febrero de 2018
Antonio Fraguas, Forges, en 2014.
Antonio Fraguas, Forges, en 2014. EL PAÍS


Un enorme dolor siguió en la madrugada de este jueves a la noticia de la muerte en Madrid de Forges, el hombre que hizo reír a tantas generaciones. Desde 1995 fue nuestro compañero en EL PAÍS. Todos los medios de comunicación expresaron ayer el amor colectivo que concitó Forges en torno a su figura.
El Rey, el presidente del Gobierno, la alcaldesa de Madrid, los líderes de los partidos, compañeros de oficio, multitudes de ciudadanos que hicieron su vida aprendiendo del humor de Antonio Fraguas, expresaron estupor y soledad. Se muere a los 76 años uno de los nuestros; con él aprendieron generaciones sucesivas, y hoy son de nuevo los jóvenes, como sucedió cuando él empezó con sus blasillos, seguidores indesmayables. Como prueba de que el Forges veterano jamás perdió su chispa, cientos de viñetas circularon por las redes sociales
La capilla ardiente de la que partirá hoy su entierro en el tanatorio de la M-30 de Madrid se llenó en seguida de sus incontables amigos. Recibiéndoles estaban allí su viuda, Pilar Garrido, sus hijos Toño (que también trabajó con nosotros, en EL PAÍS), Micaela, Irene y Berta, sus numerosos hermanos entre los cuales figura nuestro compañero Rafael...
Forges fue patrimonio de todo el mundo, pero jamás dejó su raíz. La suya fue una familia grande, que él hizo más extensa, con su generosa presencia pública, su dedicación a los demás y su infatigable tarea como creador de personajes que ya están en la historia. Era un sociólogo de la España vacía, un creador de palabras, un visitante asiduo e inteligente de la soledad por la que, como él en este medio siglo, transitaron en su día los personajes de Cervantes.
Un hombre capaz de la mayor fama, pero (como dice su amigo Juan José Millás), dichoso de ser también un clandestino en la ciudad. Sus amigos se volcaron, desde todo el mundo, con elogio a su sencillez y a su alegría; desde Buenos Aires, Joan Manuel Serrat se quiso unir al dolor de todos, pero se negó en redondo a unir a Forges con la palabra tristeza. Ese fue el lugar en el que se encontraron todas las reacciones ante la muerte de uno de los españoles más populares del último medio siglo, dibujante y filósofo.
Sus dibujos fueron herederos de esa simbología quijotesca a la que rindió tributo. Antonio Fraguas de Pablo (Madrid, 1942) era totalmente Forges, como si hubiera nacido a la vida en 1964, cuando publicó en Pueblo su primera viñeta, hasta esta con la que hoy se despide en la portada de EL PAÍS.
Fue testigo crítico de un país al que amó incluso por sus pecados capitales. De ellos trataron, hasta el día de su muerte, todas sus viñetas. España fue la materia de la vida creativa de Antonio Fraguas.
Y así pasará a la gran historia del dibujo en España: totalmente Forges. Periodista de raíz, también era filósofo y músico, tertuliano comprometido con la vida y con la política, y era paseante de Madrid, ciudad que dibujó como escenario desolado de Castilla. Autor de libros en los que repasó la historia de su país y del mundo, de la ciencia y de la literatura, inventó también una peculiaridad: hacer que sus gentes, ya entrañadas en la propia sociedad española, hablaran un lenguaje escéptico e incrédulo. Legiones de lectores aprendimos en su universiodad, la universidad de Forges. Forges hablaba como Forges...
Su muerte no sólo es una mala noticia porque deja un vacío, es nuestro mundo el que se queda vacío sin sus metáforas. El suyo ha sido un testimonio diario sobre la ineptitud, contra el lugar común y contra el cinismo. Sin él este es un país mutilado, mucho más triste.
La última vez que lo vi él caminaba a paso lento por una calle de Madrid con sus auriculares. ¿Qué haces tan serio por la ciudad? Escuchaba a Mahler. Por las tardes de entonces, el humorista gráfico tan querido por el país, abandonaba por un rato las noticias y se entregaba a un mensaje inmortal, la música. Forges, transeúnte perpetuo de una ciudad que siempre tuvo la fisonomía desolada de Castilla.
Ha dejado una obra inmensa, pero su hueco no será solo el de una viñeta en el periódico. Fue ligero y denso, filosófico y paródico. Y lo fue en todos los soportes, la radio, la prensa, la televisión... Forges fue lenguaje. La España que ahora le despide empezó a hablar como sus personajes porque Antonio Fraguas les aplicó el sentido común del descreimiento, una manera de ser español.
Estuvo, con esa manera de contar, en Pueblo, en Informaciones, en Interviú, en El Jueves, en Diario 16, en El Mundo, y estuvo aquí. Venía a vernos con frecuencia, traía sus dibujos o los enviaba; como Peridis desde los inicios dejaba galletas, Forges dejaba por las mesas su impronta y sus regalos, esos dibujos forgianos, los forgendros, allí donde visitaba a sus compañeros del periódico, y algunos tenemos, como testimonio de su saludo, papelitos amarillos en los que Antonio Fraguas dejaba los recados de Forges. Era su manera de abrazar y de permanecer, pues en su modo de estar estaba también su manera de despedirse: quedándose.
Tuvo todos los premios imaginables del ámbito dedicado al humor en España; y como era un trabajador sin desmayo recibió la Medalla al Mérito del Trabajo y mereció la de Bellas Artes. Vestía de oscuro y blanco, como un colegial, llevaba zapatos grandes como sus criaturas y nació para ser a la vez Samuel Beckett y Sancho Panza. Su última exposición, de las muchas que protagonizó, trata de dos compañeros suyos, Quijote y Sancho, “un diálogo a tres bandas”, habida este enero en la Casa Revilla de Valladolid. Pues esos compañeros en el arte de pensar, Quijote y Sancho, son trasuntos de los blasillos que le sirvieron a Forges para contar de qué color y qué trazos tiene la soledad en España: esos paisajes por los que caminaba su manera de decir barroca o esquelética, sombras ambas de la obra más importante y sintomática de la literatura española, el Quijote de la Mancha.
Cumplió con el mandato de su padre: haz dibujos, sí, pero que sean reconocibles como tuyos a la distancia. No se ha buscado el chiste (¿el chiste?) de Forges tan solo por el dibujo mismo, sino por el lenguaje; ha aportado a la lengua española, en sus forgendros palabras nuevas, y ha mejorado palabras viejas, combinando significados y giros. De todas las cosas de las que Forges estaba orgulloso, esta de inventar vocablos es la que más gozo le hacía sentir. Pero la Academia de la Lengua no aplicó justicia a esta contribución, ¡gensanta!, llevándolo a la Docta Casa.
Cuando publicó El primer Forges, en 1972, ya Antonio era totalmente Forges. En las cartas que enviaba a sus críticos, agradeciéndoles las reseñas, estaban esas montañas que eran sus letras y sus frases, estaba tal como iba a ser Forges, le había abierto, con sus parajes de tierra, una autopista por la que iba a transitar luego la leyenda que ya es inmortal y se llama Forges.
Pero, sobre todo, como él pedía en sus viñetas, no se olviden de Forges.

sábado, 24 de febrero de 2018

Arabella Salaverry / Apetencia



Arabella Salaverry

APETENCIA


Esta noche
me cubro 
con la sola apetencia
de tu cuerpo.

De los pies a la cabeza 
me voy llenando con murmullos de hoja seca 
sobre todo 
cuando hago recuento de tus manos ausentes.  

Desde la memoria
me recorren de punta a punta
de pecho a pubis.  

Se entretienen en todos los resquicios
me dibujan los muslos 
llegan 
al punto exacto del que regresan los caminos.    

En la añoranza de tus manos
me desvelo. 

Me cubre
la apetencia de tu boca
la sal de sus rincones 
el camino de tu lengua en mi garganta. 

No duermo en la ausencia
de tu boca.  

Tus brazos no están
Y es el aire 
el que responde a la apetencia de los míos.  

En el desvelo de tu ausencia me refugio. 

Sí.
Esta noche 
al igual que tantas otras
me cubro con la sola apetencia 
de tu cuerpo. 

Arabella Salaverry
Breviario del Deseo Esquivo
Editorial Costa Rica, 2005



Miyó Vestrini / Me levanto



Miyó Vestrini


Me levanto:

estudio con sumo cuidado las diferencias entre
dirritmia-psicosis-esquizofrenia-neurosis-depresión-
síndrome-pánico y me arrecho

acepto que existan cucarachas voladoras, descubro que
todas mis amigas tratadas por psicoanalistas se han vuelto
totalmente tristes totalmente bobas, me leen el oráculo
chino y me predicen larga vida, vida de mierda, digo…




César Vallejo / Ágape


Árboles y niebla
Pamplona, 2008
Foto de Triunfo Arciniegas

César Vallejo
ÁGAPE


Hoy no ha venido nadie a preguntar; 

ni me han pedido en esta tarde nada. 

No he visto ni una flor de cementerio 
en tan alegre procesión de luces. 
Perdóname, Señor: qué poco he muerto! 

En esta tarde todos, todos pasan 
sin preguntarme ni pedirme nada. 

Y no sé qué se olvidan y se queda 
mal en mis manos, como cosa ajena. 

He salido a la puerta, 
y me da ganas de gritar a todos: 
Si echan de menos algo, aquí se queda! 

Porque en todas las tardes de esta vida, 
yo no sé con qué puertas dan a un rostro, 
y algo ajeno se toma el alma mía. 

Hoy no ha venido nadie; 




viernes, 23 de febrero de 2018

Laeticia Hallyday / La mujer que ha dinamitado el legado del cantante


Johnny Hallyday y Laeticia


Laeticia Hallyday, la mujer que ha dinamitado el legado del cantante

Los dos hijos mayores de Johnny Hallyday acusan a su esposa de quedarse con todo el patrimonio del rockero francés


Silvia Ayuso
París, 16 de febrero de 2018

De ser la viuda de Francia, la esposa abnegada que lo dejó todo para cuidar hasta su muerte al roquero Johnny Hallyday, Laeticia Hallyday ha pasado en pocos días a ser retratada como la madrastra joven y ambiciosa que quiere quedarse con la inmensa fortuna de su marido a costa de los hijos que el cantante tuvo de relaciones anteriores. El detonante ha sido una dura carta pública escrita por la actriz Laura Smet, la hija de 34 años —solo ocho menos que la mujer de su padre— de Johnny Hallyday en la que denuncia que en el testamento de este tanto ella como su medio hermano mayor, David Hallyday, han sido completamente desheredados.Sin embargo, esta semana se supo que el cantante les hizo en vida importantes donaciones, motivo que estaría detrás de su última decisión. En cualquier caso que las relaciones entre la esposa del cantante y los hijos mayores de este no eran buenas se sabía. Aun así Francia, que hace solo dos meses despidió con honores de héroe nacional a su músico más icónico, asiste ahora atónita a una guerra de clanes digna del mejor culebrón y que amenaza con destruir la imagen del Elvis galo.
Francia lloró con Laeticia, una exmodelo de 42 años, cuando esta, en la madrugada del 6 de diciembre, anunciaba, rota de la emoción, que su marido durante dos décadas había muerto a los 74 años a causa del cáncer de pulmón que combatió durante el último año de su vida. Y se emocionó cuando la destrozada viuda acompañó el ataúd de su marido en su multitudinaria despedida en París y, después, en una ceremonia íntima en la isla antillana de San Bartolomé donde fue enterrado. Todo eran reconocimientos para una mujer que no se apartó ni un instante de su marido, especialmente en los peores momentos de la enfermedad de Hallyday, y que lo ayudó a continuar su amada carrera hasta casi el final, ocupándose a la par de sus negocios y del cuidado de las dos niñas adoptivas de la pareja. “La roca de Johnny”, la llamó la prensa francesa.

Johnny y Laeticia

La imagen sin embargo empieza a resquebrajarse. Y todo por el patrimonio. Unos cien millones de euros, según Les Echos. En juego están lujosas propiedades y los jugosos derechos de autor de un músico que en vida vendió más de 110 millones de discos y cuya muerte ha disparado las ventas, con un álbum póstumo a punto de salir a la calle. Otro motivo más de tensión, según la prensa francesa, porque Laeticia no contó con David Hallyday, músico como su padre, para este último proyecto

Johnny Hallyday y su mujer Laeticia en el desfile de Saint Laurent Menswear en 2016.  GETTY IMAGES


El diario Le Point reveló el jueves que las cosas no son tan blanco y negro como apuntan los hijos mayores de Hallyday. De acuerdo con la publicación, el cantante entregó a su hija desde 2004 5.000 euros mensuales y además la ayudó a adquirir dos apartamentos en un elegante barrio parisino. De igual modo, Hallyday le otorgó a su hijo su mitad de una vasta residencia que tenía con su exesposa Sylvie Vartan también en París y que hoy alcanza un valor de 20 millones de euros.
"Hace tiempo que se sabe que, en la galaxia Hallyday, hay enormes tensiones latentes que fueron soterradas estos últimos años en nombre de la sagrada unidad”, explicaba esta semana en la emisora RTL el biógrafo del cantante Éric Le Bourhis.
En el plano económico, los hijos mayores de Hallyday han resentido el absoluto control ejercido por Laeticia en los últimos años. Después de la primera crisis de salud que sufrió el cantante en 2009, sus negocios pasaron progresivamente a estar en manos de la familia de Laeticia. Las sociedades que gestionan sus interesas están oficialmente bajo control de la abuela de esta, Elyette Boudou, apodada “Mamie rock”, la abuela del rock.
Una situación que no hizo más que agravar las tensiones familiares que comenzaron nada más conocerse la relación de Hallyday con una joven francesa asentada en Estados Unidos llamada Laeticia. Cuando la pareja se casó, en 1996, Laeticia acababa de cumplir 21 años. Johnny tenía 53 y dos hijos de sendas relaciones anteriores. David, de 30 años, nacido de su primer matrimonio con la cantante Sylvie Vartan, y Laura, de 12, fruto de su relación con la actriz Nathalie Baye. Nunca hubo química entre la hija, marcada por el divorcio de sus padres cuando tenía dos años, y la joven nueva esposa. A Laura, “de niña, su padre le faltó. No tuvo una juventud fácil”, dijo a Le Parisien el productor Dominique Besnehard, padrino de la actriz, quien a lo largo de los años ha tenido problemas con el alcohol y las drogas. Por su parte, cita el diario otro antiguo colaborador del cantante, “Laeticia siempre tuvo celos de Laura”. Hasta el punto de que padre e hija se tenían que ver a escondidas, afirma el biógrafo Le Bourhis y confirmó la propia Laura Smet en su explosiva carta, en la que también acusa a Laeticia de no haberle permitido ver a su padre antes de morir, igual que su hermano David. Ambos se han unido ahora para luchar por lo que consideran que es suyo. La batalla promete ser larga, y fea.


Johnny Hallyday / Mick Jagger y él

Johnny Hallyday

Mick Jagger y él

Johnny Hallyday era el prototipo de 'rocker', el chaval de la calle en el que fijarse


Loquillo
El País, 6 de diciembre de 2017

Johnny era nosotros. Era el chaval de barrio que le gustaba Elvis Presley, que iba con sus discos. Era el chaval de la calle en el que fijarse. Era el prototipo de rocker. No era un músico de rock, era un rocker que hacía música. Ni Buddy Holly ni Gene Vicent eran rockers comparados con él. Participaba de una cultura que tenía asimilada y te la transmitía de una forma que te hacía sentir que pertenecías, que podías llegar a ser parte de algo. Para mí, cuando tenía 15 años, ya era un espejo. Elvis era un músico, pero Johnny era un rocker. Así lo creo. Es un tipo que descubrió a Jimi Hendrix en Ibiza, que grabó antes que los Beatles y los Rolling Stones, que vendió más entradas que los Rolling Stones y los Who y que cantó en español y convirtió su canción en un hit.Era un personaje arrasador.
Hace un par de días ya nos enteramos que Johnny había sido ingresado y estábamos prevenidos, pero es una pérdida irreparable. Es el artista europeo más importante del rock and roll, junto con Bruno Lomas y Adriano Celentano. Ellos son los pioneros de todo esto. Hizo posible que el rock and roll rompiera fronteras y se convirtiera en un lenguaje universal. Tienes que pensar en Celentano, Cliff Richards y, por supuesto, en Johnny Hallyday para saber que el rock and roll era una visión de la vida.
Cuando lo pienso, me doy cuenta que era mi ADN. Sin él no serían posibles mis canciones como Rock and roll actitud o Johnny et Sylvie. Tuve la suerte de conocerle en Francia. Era exactamente como yo creía que iba a ser. Era un tipo de verdad. Paseé con él por París, grabé canciones y nos hicimos regalos. Me regaló sus gafas para que se las diera a mi hijo. Yo le regalé un anillo de platino con el dibujo del pájaro loco. Me enseñó algo muy importante: a cambiar el chip y a madurar. Cuando le vi en 2003 en un concierto en el Parque de los Príncipes, había cuatro generaciones de fans compartiendo su pasión por Johnny. Eso fue una lección de cómo gestionar una carrera.
Francia ahora está en estado de shock porque se ha quedado huérfana. Johnny era más importante que un presidente de la República. Es muy fuerte decir esto, pero es así. Llevaba con él toda una actitud de vida. Su forma de cantar, de actuar, de sufrir por sus fracasos amorosos, de vivir… Era puro romanticismo de fin de siglo. Le dieron dos veces por muerto, pero no murió. Una de las veces, acabó llamando al presidente para decirle que él no se moría aún, que qué mierda iba a morirse aún con todos los conciertos que quería dar. Eso es grandeza. También lo era verle escoltado por las calles por la policía y querer darles esquinazo solo porque quería divertirse. O dejar su coche aparcado enfrente del restaurante Maxim’s, cuando estaba prohibido, porque él podía hacerlo. Esto es ser una leyenda.
En España no se sabe de la importancia y el valor de Hallyday. En este país se ha despreciado la cultura del rock europea. Cuando su figura era un emblema en Francia, con sus últimos años grabando grandes discos y consiguiendo números uno, no nos enteramos en España. No llegó nada. Recuerdo un concierto que dio en el Liceu de Barcelona no hace mucho y nadie se enteraba de lo que significaba. Daba lecciones de rock en un escenario, pero aquí nos dejamos llevar por los que hacen postureo. Encima, hoy en la radio he oído que le han comparado con Manolo Escobar. ¿En serio? No tienen ni puta idea. Es un desprecio absoluto a Hallyday y al rock europeo. Para la generación de los sesenta, para Los Sírex, Los Salvajes, Bruno Lomas… Johnny era Dios.
Lo más triste de su muerte es una verdad: el rock and roll como cultura se acaba. Es un goteo que sufrimos periódicamente. Fue muy duro el fallecimiento de David Bowie, pero aún más el de Johnny. Era un chico barrial, un hijo de las calles. Era uno de los originales. Pongo al mismo nivel a Johnny que a Bruce Springsteen. Es demoledor. Ahora se pueden ver a muchas bandas que reproducen lo que se hizo antes, pero los originales y los auténticos se van. Es la norma. Johnny representaba una etapa importantísima de la cultura pop en Europa. Siempre me decía: “Loco, solo quedamos Mick Jagger y yo”. Y es verdad.